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¿Conoces el Self Coaching?

mujer Meditar

Cuando te sientes atrapado frente a algún problema que parece no tener salida, tal vez necesitas una guía que te apoye a encontrar los caminos que te puedan sacar de la crisis, pero no siempre esta situación te conduce, de manera inmediata, a la búsqueda de un profesional en el campo de la conducta humana.

El Self Coaching es una alternativa de “autodirección” que, si bien, no sustituye la presencia de un experto en acompañamiento, sí brinda una metodología de autoayuda para solucionar el conflicto. Hay varios modelos propuestos para la aplicación del Self Coaching; aquí te comparto el de  la  master Coach, Brooke Castillo, directora de Life Coach School, que se denomina CTFAR (por sus siglas en inglés) y comprende cinco momentos, a partir de que el problema se presenta:

1.- Anota los hechos. Exactamente lo que ocurrió, evitando juicios de valor.

2.- Describe detalladamente lo que esos hechos te conducen a pensar. Utiliza verbos como creo, pienso, deduzco, infiero…entre otros.

3.- Anota todo lo que, pensar así, te hace sentir. Enfatiza tus sentimientos y emociones; no incluyas aquí pensamientos.

4. Enlista la acciones que, hasta ahora, has tomado para encontrar la solución, y también, lo que has dejado de hacer al respecto.

5. Rescata los resultados que has obtenido de esa acción o inacción.

Esto permitirá replantear la lista de acciones, a fin de obtener mejores resultados.

El método establece una serie de consideraciones:

  • El modelo aplica a cualquier tipo de problema, sin excepción

  • Siempre hay que ser específicos con las circunstancias/hechos, que constituyen la problemática.

  • Los hechos o circunstancias son neutrales; nunca son buenos o malos. Aun los que pueden parecer más tristes o trágicos, por ejemplo, la muerte; ya que es lo que piensas de esos hechos lo que los hace buenos o malos. No se está afirmando que no tengas derecho a pensar lo que tú consideres conveniente, sólo se enfatiza en la neutralidad del hecho.

  • Tus pensamientos son producto de una decisión, sea ésta consciente o inconsciente. Hay pensamientos que generan emociones negativas, no juzgues eso tratando de cambiarlos instantáneamente. Date la oportunidad de ser compasivo contigo, como primer paso para el cambio. Darse cuenta, es, por sí mismo, un logro.

  • Cuando pones atención a tus pensamientos, puede que no te guste lo que encuentras, pero una vez que comienzas a aplicar el modelo, te percatas del poder interior con el que cuentas y de los resultados que eres capaz de crear. Tu vida cambiará exactamente en la medida en que lo deseas y harás de ella lo que desees.

  • Se entiende que en el camino siempre ocurrirán cosas “malas”. ¿Cómo lo puedes saber?, es simplemente lo que ha acontecido a lo largo de la historia de la humanidad. El modelo te ayuda a regular tus emociones y a crear los efectos que decidas tener frente a cada problema que se presente.

  • Es común que la gente se resista o reaccione impulsivamente como consecuencia de sus sentimientos. La habilidad en el manejo de experiencias negativas impactará en el nivel de éxito que tengas.

  • Cuando las personas hieren tus sentimientos es porque actúan de manera opuesta a las expectativas que de ellas tienes. Sus acciones son hechos y el cómo te sientas frente a ello es la consecuencia de lo que piensas que ocurrió. Nadie te puede obligar a sentir lo que no quieres.

  • Tu pasado existe únicamente en tu cabeza como si fuese una narrativa de hechos ocurridos. Tú decides qué quieres contarte acerca de éstos, independientemente de lo que esté sucediendo ahora. Hay gente que toma ventaja de lo sucedido para superar el estrés postraumático.

  • Pensar en lo que hiciste o dejaste de hacer te conduce a juicios específicos de los que se derivan sentimientos. Haz conciencia de cómo esto te afecta. El cómo te sientes hoy y siempre, es el resultado de lo que piensas acerca de tus experiencias de vida.

¿Qué rol juegas en la vida?

Reunión de equipo

Decimos que somos congruentes con lo que pensamos, decimos y hacemos; afirmamos que somos la misma persona las 24 horas del día…pero no es así. Los ambientes en los que nos movemos y nuestra historia personal, nos llevan a desempeñar diversos roles que permiten que afloren aspectos de nuestra personalidad, es decir temperamento y carácter, que sólo están presentes en determinadas circunstancias.

Si eres una persona adulta y tienes la fortuna de contar con unos padres amorosos y solidarios, suele ocurrir que, al estar con ellos, vuelves a ser el niño o niña que necesita de su apapacho, de su invaluable consejo, de sus cuidados cuando enfermas. Ése  es tu rol como hijo; pero también es posible que ya sean personas mayores que requieren de ciertos cuidados, entonces, automáticamente, adoptas con ellos el rol de padre o madre, les llamas la atención por no cuidar suficientemente bien de sí mismos, emites más órdenes que recomendaciones y te vuelves altamente controlador.

Y, ¿qué sucede si tu mamá es viuda o divorciada y, además juega el papel de ama de casa? Te pedirá que la lleves al súper, que compongas el apagador que ya no quiere funcionar, que le reclames al señor de la tienda de la esquina porque le vendió un producto echado a perder, que la invites al cine porque hace mucho que no sale, es decir, que inconscientemente ella sigue necesitando un marido y tú te has prestado a jugar ese rol, no importando si eres hombre o mujer.

¿Qué tal si tus padres trabajaron siempre y desde pequeño o pequeña te hiciste cargo de tus hermanos menores? Tenías la obligación de mantener en orden la casa, de asegurarte que tus hermanitos comieran e hicieran la tarea, de que hubiera pan y leche en la casa…fuiste entonces su padre o su madre en lugar de su hermano o hermana.

Todos estos roles se denominan “roles sustitutos” y te afectan emocionalmente porque siempre hay una parte de ti que rechaza realizar tareas que no te corresponden y otra parte lo justifica diciendo que es tu deber, que hay que colaborar, que debes seguir jugando ese rol aunque no te satisfaga. Ese conflicto interior te lleva a no establecer relaciones sanas con otras personas porque, de acuerdo con la teoría transaccional, te metes en un papel que ya después no puedes soltar. Por ejemplo, si te tocó ser “madre” o “padre” de tus hermanos, más tarde quieres ser naturalmente, el padre o madre de tus hijos, pero también de tu pareja, de tus padres y hasta de tus subordinados, pensando que es tu deber asegurarte de que todo salga bien y sólo será así, si se hace a tu manera.

También es posible que quieras ser siempre el hijo o la hija porque te sobreprotegieron y, aunque tú debas tomar tus decisiones, corres a preguntarle a papá y mamá qué te conviene; y no sólo eso, también esperas a que tu pareja decida por ti, y después serán tus hijos quienes elijan tu vida, porque te quedaste en conflicto con ese rol.

Eric Berne, autor del análisis transaccional dice que todas las personas jugamos los roles de Padre, Adulto y Niño, pero para tener relaciones sanas, debemos asegurarnos de jugar el rol correcto con la persona correcta. Así serás padre o madre sólo con tus hijos, niño o niña sólo durante tu infancia con tus padres, profesores y personas mayores; y serás adulto en la relación que establezcas con tu pareja, con tus amigos y con las personas de tu trabajo. Es la forma de asumir la responsabilidad sobre tus decisiones.

¿Tristeza, nostalgia o melancolía?

Muchacha triste en la ventana

La vida está hecha de momentos gozosos y tristes; algunos superficiales y otros definitivamente trascendentales. Sería difícil concebir la existencia sin los contrastes.

Cada evento personal o social representa un estímulo que puede movernos hacia un estado de ánimo u otro, ¿recuerdas cinco o más eventos que te hayan marcado por lo satisfactorio que fueron? Haz una lista de ellos. Intenta, ahora, recordar cinco o más eventos tristes que también te hayan dejado huella y agrégalos en otra columna. ¿Cuáles recordaste con mayor facilidad? Espero que respondas que los eventos felices llegaron con mayor rapidez a tu mente, desafortunadamente, la mayoría de las veces, no es así.

Roberto Malinow explica esta tendencia a partir de la segregación en el cerebro de una sustancia llamada Noradrenalina. Cuando se está ante una situación tensa, esta hormona ejerce efecto sobre un receptor, el GluR1, responsable de la sensibilidad química de las neuronas y la fortaleza de sus conexiones. Por ello un recuerdo triste o desagradable se “tatúa” en la mente.

Es recomendable, entonces, jerarquizar estas experiencias. Una categoría de lo desagradable es lo triste, porque nos enfrenta a situaciones indeseables, nos confronta con una realidad que no podemos cambiar, pero, finalmente…pasa.

Hay situaciones felices que concluyen, y que no quisiéramos dejar ir, pero, también pasan.

Cuando nuestra actitud se deja llevar por lo que estuvo alguna vez como parte de nosotros y se ha ido, sentimos añoranza, nostalgia. Por ejemplo, cuando hemos abandonado nuestra patria para vivir en cualquier lugar del extranjero; cuando nuestros hijos han crecido y ya no podemos llevarlos al circo, a la feria o vestirlos con su disfraz favorito; cuando la pareja ya no está más y viajamos en el tiempo hacia el instante de aquel encuentro maravilloso o cuando compramos esa linda casa. Todos sentimos nostalgia alguna vez, aunque esto se vuelve recurrente con los años; sin embargo, no pasará de ser un recuerdo que nos quiere “jalar” eventualmente al pasado y que se disolverá con nuestros planes actuales, con nuestros intereses presentes.

¿Qué sucede entonces si esos intereses presentes no existen? Eso sí es preocupante porque la nostalgia se torna en melancolía, que los griegos llamaban “la bilis negra”, y que constituye la antesala de la depresión. La melancolía traspasa los límites de la nostalgia y nos encoge el estómago ante la imposibilidad de regresar al pasado, nos forma un nudo en la garganta y nos hace creer y sentir que todo lo pasado es mejor que lo presente. Nos arrebata las ilusiones y la energía para seguirnos sintiendo vivos.  ¿Recuerdas las canciones de “Penélope” o la de “En el muelle de San Blas”? Son retratos fieles de lo que ocurre con la melancolía.

Somos responsables de construir, día con día, vivencias edificantes, sin importar dónde estemos, qué edad tengamos, a qué nos dediquemos o con quién vivamos. El proyecto de vida debe continuar hasta que se haya ido el último soplo de aliento.

Vivir intensamente es una excelente idea, pero no olvidemos que cada experiencia, por grata que resulte, concluirá; y no es justo para nosotros mismos, que nublemos el brillo de lo vivido con el anhelo incesante de repetirlo, porque aunque pudiéramos regresar a ese momento y con las mismas personas, la experiencia no sería igual.

¿Dónde está tu culpa?

Hombre pensante

Como cualquier otro sentimiento humano, la culpa tiene una función adaptativa, como un estímulo transitorio que debe llevarnos a tomar acción congruente para superarla.

Desde la perspectiva psicológica, la culpa es un sentimiento secundario, que surge de la percepción de que “algo no está bien”. Baumeister habla de ésta como un afecto doloroso asociado con una conducta de daño hacia otros o hacia sí mismo.

¿En dónde habita tu culpa? ¿Está en un pasado que no puedes cambiar y que te avergüenza constantemente?, es decir que una conducta concreta te ha conducido a una descalificación global de tu persona.

¿Será que tu culpa habita en lo que haces en el día a día, que consideras erróneo o inadecuado pero que no puedes dejar de hacerlo? Esto obedece a conductas compulsivas, como el comer en demasía, beber alcohol o fumar. En estos casos existe una adicción y la culpa no evita que la acción continúe.

¿Se localiza tu culpa en la forma en que tratas a otros? Seguramente esto te hace sentir muy mal porque tu impulsividad te ha llevado a maltratar a tus seres queridos, debido a que actúas visceralmente, sin reflexión alguna, y cuando llega el arrepentimiento, encuentras la justificación en lo mal que tú fuiste tratado en tu infancia, o en la provocación de las personas, aun sabiendo éstas lo que te hace enojar.

¿Estará la culpa en las omisiones? Lo que deberías haber hecho por ti o por otros desde hace mucho, te resulta claro, pero sigues sin hacerlo. Con eso de que no tienes tiempo…o no has encontrado una buena ocasión para decidirte y, cada que lo piensas, llega esa molesta culpa.

¿Acaso tu culpa está en la falta de cumplimiento de tus deberes? Te saturaste de compromisos o se te hizo fácil, en su momento “echarte encima” una obligación y ahora ya no puedes con ella, provocándote un sentimiento de culpa por lo que significa fallar en ese rubro.

¿Se ubica tu culpa en la sensación de no ser capaz de llenar las expectativas que las personas tienen de tu persona? Por más que te esfuerzas te consideras insuficiente, imperfecto y quisieras cambiar profundamente para convertirte en el ser perfecto que otros esperan que seas…bueno, al menos, eso es lo que crees.

Para trabajar con la culpa, el primer paso es detectar dónde se encuentra, así se trabajará con el origen y no sólo con los síntomas.